Curso de soporte vital avanzado en trauma

La enfermedad traumática representa una de los principales problemas para la Salud Pública.
La OMS evaluó que en 1.998 se produjeron, a escala mundial, 1.029.037 muertes, por accidentes de tráfico, estimando que antes del 2020 esta dramática cifra se doblaría y la OIT, un año más tarde estimó que la siniestralidad laboral producía, un número similar de muertes, superando al que ocasionan la violencia (563.000) o las guerras (502.000).

Los accidentes son en los países industrializados la primera causa de mortalidad en la población menor de 45 años, ocasionando durante la juventud más muertes que el conjunto del resto de las patologías.

En el año 2000 en España se produjeron 101.729 accidentes de tráfico con 6.019 muertes, y en el 2001 se produjeron 1.024.936 siniestros laborales, que ocasionaron 1.487 muertes y 14.762 heridos graves. En 1.998 se produjeron 1.600.000 lesionados por accidentes relacionados con el hogar o con el ocio, falleciendo 1.200 y precisando hospitalización 87.264.

Las estremecedoras cifras de mortalidad por accidentes en general y de los de tráfico en particular no representan por sí solas la gravedad que para la Salud Pública significan, con respecto a la reducción de expectativa de vida, ya que tienen más repercusión que el resto de las causas de muerte evitables, y esto es debido a que la mayoría de las víctimas son jóvenes, el 33% no ha cumplido los 25 años y el 66% los 45 años.

La importancia de los accidentes para la Salud Pública no solo radica en la mortalidad que generan sino también en las importantes secuelas que producen. Así los accidentes son los responsables tres de cada cuatro lesiones medulares ocasionando cada año 800 grandes inválidos.

La respuesta asistencial a la enfermedad traumática está llena de dificultades dada la cronología y la ubicación donde se produce su mortalidad. El 15% de las muertes accidentales se producen en los primeros 10 minutos, el 65% en las primeras horas de evolución (lo que los autores anglosajones denominan la hora de oro) y el 75% en las primeras 24 horas. El 50% de las muertes de los ocupantes de automóviles se produce en el lugar del accidente, así como el 40% de los que ocurren entre los peatones. Del 2 al 15% de las muertes se producen durante el traslado al hospital y del 38 al 53% una vez que ya el herido ha ingresado. El 62% de las muertes hospitalarias ocurre dentro de las primeras 4 horas y se relacionan con shock hemorrágico y/o con traumatismo cráneo-encefálico severo. El resto de la mortalidad se presenta días o semanas después del accidente y en más del 70% se deben a sepsis o a fracaso multiorgánico. La aparición de estas complicaciones se correlaciona, en parte, con las lesiones que se originan desde el momento del siniestro hasta la estabilización de la víctima.

Sin menoscabo de la importancia de una política eficaz de prevención, sería utópico pensar que pueden eliminarse los accidentes; por lo que es preciso garantizar el tratamiento adecuado de sus víctimas. Las experiencias acumuladas en diferentes países desarrollados que la atención adecuada y continuada del paciente politraumatizado en cada uno de los eslabones de la cadena de supervivencia disminuye significativamente la mortalidad, reduciendo las minusvalías y acortando las estancias hospitalarias. Así se ha demostrado que la mortalidad comunitaria por accidentes desciende en más de un 13% ahorrando así sufrimiento a las personas y gastos a la sociedad.

Es evidente que no es posible el funcionamiento de la cadena de supervivencia sin una formación adecuada de todos sus agentes y muy especialmente del personal sanitario titulado. Esta formación precisa, de la adquisición de unos sólidos conocimientos teóricos, junto con un entrenamiento práctico y unos hábitos que garanticen su correcta aplicación. Este entrenamiento, es prácticamente imposible de conseguir con el ejercicio profesional, ya que el propio dramatismo de los accidentes graves y por la necesidad de una actuación rápida y eficaz, por lo que la realidad no sirve base inicial para la enseñanza.

Por ello, los conocimientos y la práctica necesaria, sólo pueden adquirirse mediante Cursos teórico-prácticos en los que esté comprendido el método y el material docente apropiado y donde la simulación sea un elemento docente destacado.

La Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC.), ha sido pionera en Europa en la difusión de la enseñanza de la RCP y de la Atención inicial a la enfermedad traumática. Hace 20 años que inició el Plan Nacional de RCP. Plan a través del cual ha formado en el transcurso de estos años a mas de 100.000 profesionales, habiendo desarrollado una metodología propia y unos materiales específicos. Este Programa que fue reconocido en su día como de interés sanitario por el Ministerio de Sanidad y Consumo. Recibió ya en 1990 y de manos de la Reina de España el Premio del Médico al mejor Programa de formación continuada.

Este curso es el fruto de esta dilatada experiencia, de forma que proporciona de una forma práctica y participativa, todos los conocimientos y destrezas necesarias para realizar la atención inicial al paciente traumatizado.